José Luis Ruiz CasadoJosé Luis Ruiz Casado

3 de agosto de 1958-21 de septiembre de 2000

Nuestras familias son un ejemplo más de la movilidad de los grupos humanos, de su itinerancia en búsqueda de una mejora en la vida. Los padres de José Luis eran oriundos de un pueblo situado al noroeste de Córdoba, que a principios de los años cincuenta se desplazaron a Cataluña, concretamente a la ciudad de Barcelona, donde se establecieron.

José Luis nació en Barcelona el tres de agosto de 1958. Su familia se trasladó a Sant Adrià de Besòs donde iniciaría sus estudios primarios en el colegio Sagrado Corazón, perteneciente a la congregación de los hermanos gabrielistas; posteriormente, cursaría el bachillerato superior en Barcelona.

Tan pronto inició sus estudios universitarios, José Luis sufrió un duro golpe: el fallecimiento de su padre, lo que supuso que hubiera de simultanear sus estudios de Económicas y una nueva vida laboral, con la intención de colaborar en casa, que poco después se vería interrumpida al verse obligado a realizar el servicio militar. Una vez terminado éste, se reincorporaría a su puesto en una empresa barcelonesa dedicada a la importación y exportación, en la que tomaría contacto con el mundo del transporte internacional terrestre, en el que años más tarde llegó a ocupar el cargo de Director Adjunto en una gran empresa alemana llamada Thyssen Haniel Logistic, S. A. especializada en el transporte internacional de grandes volúmenes de carga. Pasados los años, ésta fue absorbida por la empresa belga ABX LOGISTICS ESPAÑA, S. A. en la que fue nombrado Director de Tráfico Terrestre. En esta última etapa ganamos la entrañable amistad de Antonio Gutiérrez, al que apreciaba de una manera especial, como si de alguien de su familia se tratara, sentimiento que trasladó a nosotros, ya que por nuestra parte, sigue gozando de una querencia excepcional, que con su esposa Consuelo nos han acompañado durante estos últimos años.

Nos conocimos en 1976 siendo muy jovencitos. Entonces era un gran deportista. En la categoría infantil ganó con su colegio el campeonato de fútbol de España, afición en la que perseveró hasta que se hizo mayor. En los meses de la mili, cuando estuvo destinado por este motivo en La Coruña, jugó en un equipo filial del Deportivo de la Coruña. Al término, le sugirieron que se dedicara profesionalmente al fútbol, pero su sentido común le hizo rechazar la oferta. Con el paso de los años, cambió este deporte por otro menos exigente como el fútbol sala que, además, le permitía seguir en contacto con sus amigos periódicamente. Durante las vacaciones y algún que otro fin de semana de invierno se dedicaba al esquí, actividad que le fascinaba. Los viajes realizados a las estaciones del valle de Canfranc con amigos -aún no habían nacido Arianna y Alejandro, Álex para nosotros-, después ocasionalmente a Francia, fueron siempre junto a Emilio, mi hermano, con el que en general, siempre compartió infinidad de cosas, y en particular la afición a los deportes a pesar de un desacuerdo irresoluble: José Luis siempre fue del Barça y mi hermano es absolutamente merengue. Seguimos yendo con los niños a la nieve pero en pistas catalanas y Andorra dónde les vimos crecer y gozar de la presencia de su padre.

Nos casamos en 1982 y aquí se desarrolló lo más importante y sustantivo de la aventura que iniciamos juntos; nuestros dos hijos nacieron tiempo después y sus sonrisa llenó de alegría y consuelo nuestras vidas.

José Luis era un hombre divertido con un fino e irónico sentido del humor, a pesar de que en un primer momento los que le trataban por primera vez vieran en su actitud la característica de un hombre serio. Pero no era así, quizá su semblante producía esa imagen de respeto. Con él me he reído mucho pues siempre estaba dispuesto a ver la parte divertida de esta vida y a encontrar siempre lo positivo.

Durante años, debido a sus necesidades profesionales, se formó ampliamente en cuestiones relacionadas con el liderazgo empresarial, fundamentalmente dirigir equipos y negociar con diversos y muy diferentes grupos de personas para cumplir sus objetivos. Para hacer más comprensible sus ideas, se dotó de una retórica fluida; o si acaso, la mejoró, ya que la verdad es que tenía una gran facilidad verbal en la que mostraba sin tapujos la seriedad de sus principios personales, aplicado, en este caso, al mundo de la empresa. Muchos de sus compañeros me dijeron después de su asesinato que en él se podía confiar siempre, y que era muy efectivo contarle los problemas porque siempre mantenía la serenidad, por complicados que fueran los asuntos. Por supuesto sus amigos ya lo sabían.

A inicios de los años noventa, me comentó un día que a su buen amigo Salvador, o Salva como siempre ha sido y sigue siendo para nosotros, uno de esos amigos íntimos que todos tenemos y que nos acompañan a lo largo de la vida, le habían sugerido que dedicara algo de su tiempo a arreglar los problemas de nuestros vecinos encuadrándose en el Partido Popular. Pero la cuestión radicaba en que su amigo había pasado la invitación también a José Luis y que ambos pensaban dar o habían dado su visto bueno. Aquella idea, francamente, no me hizo ninguna ilusión, especialmente porque intuí que nos cambiaría mucho la vida en lo tocante a su seguridad personal y, al tiempo, que tendría que dedicar restándolo a la familia. Respeté su decisión como todas las importantes que tomó mientras vivimos juntos porque le quería, le quise mucho y además admiraba todo lo que hacía.

Salió elegido concejal de nuestro Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs en la consulta de 1995 y en la siguiente de 1999. Yo le veía con mucho entusiasmo y satisfecho porque, aunque estaba en la oposición del mandato socialista, veía que sus intervenciones en los plenos y en las comisiones sectoriales en los que participaba eran muy valoradas. En poco tiempo se hizo una persona respetada por toda la corporación, amigo sincero de la mayoría de los concejales aunque no participaran de sus ideas. Con seguridad su capacidad negociadora y afán por conciliar la solución de los problemas locales con otras opiniones de parte le hicieron muy querido.

Estos comentarios, dictados once años después de que la injusticia y la atrocidad nos lo arrebataran, se atisbaban, antes de que el alcalde, Jesus Canga “Sito” para la mayoría, e infinidad de compañeros suyos me dijeran tras su muerte que Sant Adrià había perdido a un gran compañero pero, ante todo, una buena persona.

Él consideraba que con la política, por escasa que pudiera ser su labor en ella - en la que, por otro lado, como en todo, era un trabajador incansable- contribuía a la mejoría de muchos, especialmente a la de aquellos que carecían de la opción de deliberar y por ende, que éstas palabras trascendiesen.

Exquisito en las formas y en tantas otras cosas, era una de esas personas que despuntan, que no requieren de grandes ademanes para distinguirse, aunque siempre con una admirable modestia, producto de lo noble de su idiosincrasia, aspectos que, teóricamente, encarnan el prototipo de político en mayúscula: aquél que se desvive por defender sus valores, por ayudar al prójimo desde su posición y por combatir la injusticia en todos sus frentes.

El 21 de septiembre del 2000 perdimos a José Luis, al que dispararon de la forma más vil y despiadada, amén de por la espalda. Perdí el mejor compañero que jamás pudiera tener, y nuestros hijos al mejor padre que jamás soñaran. Cuando llegó ese fatídico día, los niños tenían trece y diez años... ¡Cuánto se parecen a él!.

El proyecto que inicié con él en 1982 sigue vivo, huelga decir, que le recordamos cada día, desde el momento que cogemos y olemos alguno de sus libros esperando encontrar un atisbo de su aroma, hasta en el que recordamos y reímos de lo absolutamente desastre que era en la cocina, (no le producía ningún interés), las actividades domésticas no le atraían en absoluto, nadie es perfecto , no nació con ese don.

Era muy familiar, en el sentido más amplio de la palabra. Siempre atento a su madre, por la que sentía auténtica adoración y considerado y solícito con el resto de ambas familias .

Desde el primer momento , ya siendo conscientes de la nueva y mutilada vida que nos aguardaba, decidimos que José Luis seguiría siendo el soporte de nuestra familia, por este motivo, no nos hemos desprendido de infinidad de objetos suyos y efectos personales que nos hablan de su persona, de la grandeza de su carácter y personalidad, de cuánto disfrutamos de nuestra vida con él, todos juntos, como así nos quiso siempre.

Actualmente, los valores que conformaban a José Luis y que nos dejó a modo de herencia, siguen vigentes en nosotros, ya que ahora, más que nunca, será ad aeternum nuestro héroe particular.

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