De todos es sabido la ingente producción editorial nacida de la guerra civil española (1936–1939), sustentada, principalmente, en que los conflictos cainitas son capaces de generar el mayor de los apasionamientos y las más diversas interpretaciones. Gran parte de los títulos publicados surgieron de los diarios personales y recuerdos de los combatientes de ambos bandos, entre otro sinfín de documentos custodiados en diversos archivos públicos y privados. Parecía que era ya casi imposible encontrar nuevas fuentes que dieran más luz a una de las páginas más importantes y trágicas de la historia de España, pero no es así.

En el inicio del año 2010 la Fundación Popular de Estudios Vascos recibió visita del titular de un fondo documental referido a la guerra civil española que, como se verá, era completamente ignorado por los profesionales de la historia y, por supuesto, por el gran público. Se trataba de la documentación que recogía la afiliación de parte de los requetés carlistas vascos en los diversos tercios nacidos en los más profundos valles guipuzcoanos. Nos quedamos asombrados por la novedad y elocuencia de semejante documentación guardada celosa y amorosamente durante más de setenta años.

El fondo de la Junta Carlista de Guerra de Guipúzcoa recoge 3.300 fichas de afiliación en los tres Tercios guipuzcoanos –Oriamendi, San Ignacio y Zumalacárregui y los adscritos al servicio de Radio Requeté de Campaña (Trasmisiones) – aunando un conjunto de 12.800 documentos. En el fondo documental se ha conservado la referencia de los  trescientos setenta y siete requetés guipuzcoanos muertos en los campos de batalla. La ficha de numeración más alta, la 4.226, nos hace ver que se han perdido casi mil referencias de indudable valor historiográfico, un número importante, desde luego, pero no tanto como para que lo conservado no pueda dar nuevas explicaciones a la activa presencia de multitud de vascos enrolados en los Tercios de requetés.

La importancia del Archivo se resalta en que la composición del mismo se refiere al periodo en que la formación de dichas unidades es de adscripción absolutamente voluntaria, no sujetos por lo tanto a la recluta gubernamental. Ésta característica permite un amplio análisis que indague en los motivos religiosos, políticos, etc., que impulsaron su enrolamiento en el Requeté y, por supuesto, de la realidad sociopolítica de Guipúzcoa.

La existencia de voluntarios vizcaínos reflejada en las fichas de afiliación se explica en que se encontraban en Guipúzcoa en el momento de la formación de dichos Tercios. Aunque con el Decreto de Unificación  de abril del 37 dictado por Franco finalizó la recluta de voluntarios para las milicias del Requeté, dio tiempo para la organización de dos Tercios vizcaínos: el de Nuestra Señora de Begoña y el Ortiz de Zárate. Así mismo, antes de la formación de los dos anteriores Tercios muchos de los vizcaínos participaron en los Tercios alaveses de Nuestra Señora de Estibaliz, Virgen Blanca y Nuestra Señora de Begoña (Álava)

El Tercio de Oriamendi nació en San Sebastián por iniciativa de la Junta Carlista de Guerra de Guipúzcoa en septiembre de 1936, pocos días después de que los requetés navarros tomaran la ciudad. La Junta de Guerra Carlista de Guipúzcoa era el órgano administrativo formado por los dirigentes carlistas y garantes de la Tradición, encargados de crear los diversos Tercios. En Guipúzcoa los responsables del máximo órgano del carlismo fueron el teniente coronel Luis Barrios y los civiles Antonio Arrúe, Francisco Juaristi, Ignacio Orbe, Benigno Oreja, José Eceibarrena y Antonio Olazábal.

El Tercio Oriamendi se formó por la compañía de San Martín de Loinaz, original de Beasaín, más otros voluntarios de San Sebastián, Tolosa y Villafranca. El Tercio de San Ignacio se nutrió de los voluntarios nacidos en las comarcas de Azpeitia, Azcoitia, Zarauz, Zumaya, Cestona finalmente, el Tercio de Zumalacárregui se nutrióde los pueblos de Oñate, Vergara, Mondragón y otros de la comarca.

El Tercio de Oriamendi se distinguió desde el comienzo de la ofensiva de Vizcaya y en los combates en  el frente de Arechavaleta por su tributo de sangre, pues en esta ofensiva tuvo 127 bajas entre muertos y heridos, estando entre los primeros su comandante Luís Guijosa Leguia. Los combates de Mondragón, Ochandiano, Saibigain, las peñas de Urquiola... marcan su camino hacia Bilbao

El Tercio de San Ignacio destacó en el combate de la Peña Lemona en junio de 1937, en la que fueron “baja de sangre”, sus cuatro capitanes y 177 requetés  de los 400 efectivos del Tercio, quedando reducido únicamente a una compañía.

El Tercio de Zumalacarregui sufrió también importantes bajas en la campaña de Vizcaya con 270 caídos, entre muertos y heridos.

Estos Tercios, con otros de su misma significación tradicionalista de Alava, Vizcaya y Navarra, fueron la punta de lanza del Ejercito nacional, integrados en las Brigadas de Navarra, participando en primera línea de los combates del Frente del Norte, Brunete, Teruel, la batalla del Ebro y en la ofensiva final sobre el Levante.

En definitiva, con la presentación del fondo de la Junta Carlista de Guerra de Guipúzcoa los estudiosos del pasado vasco podrán emitir juicios más certeros de una parte trascendental de nuestra historia.

La búsqueda documental para el gran público probablemente se realice mediante el campo del apellido. Aunque han pasado más de medio siglo del término de aquella horrible tragedia, los hijos y los nietos de los combatientes queremos saber qué fue de nuestros padres y abuelos, en qué Tercios se encuadraron, ysi fueron heridos y evacuados de los frentes de guerra. Las fichas de los fallecidos son las que más información aportan, ya que se apunta en qué lugar cayeron, cuál fue la herida que los arrebató del frente, así como las esquelas y necrológicas publicadas en la prensa de su localidad.

Pero se puede acudir a la documentación buscando otros campos que den más luz a la comprensión del voluntariado requeté, ya que se puede conocer la profesión de los boinas rojas, de qué caseríos provenían, en qué Tercios se enrolaron…, datos sin duda apasionantes para realizar estudios históricos y sociológicos sobre la realidad vasca en aquellos azarosos años.

 

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